
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Patas Arriba

viernes, 15 de octubre de 2010
Discusión sobre el XIII Festival de Jazz de Asunción
Carlos hace una reseña de cada grupo que se presentó, salteándose misteriosamente a Escalandrum, que –a mi parecer- fue lo mejor del festival que pude ver (lamentablemente, el último día estuve enfermo y no pude concurrir).
En este artículo quiero discutir contigo –y con Carlos, a quien aprecio y respeto muchísimo- mis impresiones sobre sus afirmaciones.
Estoy plenamente de acuerdo con la evaluación de las presentaciones de Folclass y Paula Rodríguez, ya que me parecieron presentaciones de bajo nivel y que no representan al amiente jazzístico local. Pero hay algo en el discurso de Carlos que no me satisface, y es la contínua mención de que este u otro grupo “NO ES JAZZ”. Si nos vamos a poner a debatir qué sí es jazz o qué deja de serlo, no vamos a terminar nunca, pero algo me dice que Carlos ve al jazz del mismo modo que Wynton Marsalis, quien llegó a decir algo así como que “el jazz es swing y blues”. Una bestialidad. O sea, la mitad de la carrera de Miles Davis no es jazz, ni es jazz John Mclaughlin, ni el período tardío de Coltrane.
Creo que bajo la mirada de Carlos, que a mi parecer está bastante cerca de la de Beto Barsotti y de la organización del Festval en general, Tim Berne, Steve Coleman, Vijay Iyer y los mejores músicos de jazz actuales no “son” jazz. Bajo esa misma línea, Louis Armstrong dijo que Charlie Parker no era jazz, así como también se dijo lo mismo de Monk, de Miles o de Bill Evans.
La cosa no es que Folclass o el proyecto de Paula sean o no jazz, sino que, lisa y llanamente, no son interesantes musicalmente. Y es ahí donde no coincido con Carlos. Entiendo, aunque no comparto, sus críticas a la falta de “jazz” en el grupo Matereré. De todos modos, prefiero toda la vida ver en un festival un buen grupo de folclore fusión que a alguien tocando un jazz que no trae nada nuevo. En ese contexto, más allá de mi respeto y mi admiración por el pianista de rag Bernd Lhotzky, creo que en un Festival de Jazz es mucho mejor bienvenido el mencionado Matereré, simplemente por el hecho de estar innovando y desarrollando un lenguaje, más allá de que no sea jazz “puro”.
Ví en 2008, en Dublín, a Wayne Shorter acompañado de John Patittucci en contrabajo, Danilo Pérez en piano y Brian Blade en batería, y les aseguro que lo que tocaron no se parecía en nada al jazz, ni siquiera al del mismo Shorter. Y era jazz puro. Pura invención, pura experimentación, pura búsqueda.
Volvemos a lo mismo. Lo que Carlos propone es para mí un museo, no un festival. Y ahí mi segunda discrepancia con él.
Cuando Schvartzman se queja de que grandes e importantes músicos locales (Centurión, Riolo, Palito, él mismo, Remigio, etc) fueron dejados de lado, yo me pregunto: ¿Cuál es hoy en día el aporte de dichos músicos? Ninguno de ellos está en este momento produciendo nada nuevo. Por nuevo me refiero a algo original, no a standards del año ’30 grabados otra vez del mismo modo.
Centurión lo hizo a comienzos de la década pasada con Fundanga y fue en ese momento el que llevaba la bandera del jazz local pero, lamentablemente, hoy no tiene un proyecto que mostrar, aunque le llevaría cinco minutos armarlo. Lo mismo de Palito. Su Polca Blues es de hace quince años. La Big Band que presentó en el festival es una vergüenza. ¿A quién le interesa hoy en día escuchar la música de Ellington, de hace 70 años, tocada sin ningún tipo de aporte o novedad, como negando siete décadas de evolución musical? Otra vez, eso es para un museo, no un festival. Ellington no tocaría su propia música de ese modo si estuviera vivo.
Entonces, sí, es una vergüenza dejar de lado a Riolo o a Remigio, pero el problema es que ellos mismos no tienen una propuesta musical auténtica e innovadora. En la edición del año pasado, ambos presentaron sus respectivos grupos: Remigio tocó standards leyendo directamente del Real Book. Tocó en forma impecable, como siempre. Pero yo espero mucho más de un músico del nivel de Remigio, un tipo que sabe escribir, arreglar para ensambles de jazz u orquestas sinfónicas.
Tuve el honor hace poco de que Remigio concurriera a un concierto de mi cuarteto, y más aún que elogiara el modo en que escribí la música, mencionándome que le interesaría participar de mis cursos. Pero yo no tengo nada que enseñarle a él. Al contrario, deberíamos estar todos aprendiendo de su experiencia. Y me parece que se está desperdiciando al no tener un proyecto que realmente nos empuje a los que somos más jóvenes que él a buscar horizontes nuevos.
Con respecto a Riolo, otro gran intérprete local, tuve la oportunidad de trabajar con él en su ensamble del año pasado. Y no me gustó. El repertorio del grupo se basó en arreglos de quién sabe qué grupo de los ’80. Dos días –sí, dos días- antes del Festival, Riolo nos convocó a un ensayo para sacar los arreglos escuchando un cassette (para los que tienen menos de 25 años de edad, un cassette era una forma jurásica de reproducción musical por medio de la fricción de una cinta magnética sobre un cabezal imantado). Un show de esa naturaleza es un bajón y un insulto al público, sea quien sea el ejecutante (me sucedió lo mismo en París escuchando a Manu Katché en el peor concierto al que asistí en mi vida). Prefiero un mal músico tocando música nueva, que a un súper batero como Riolo (o Manu) reciclando la música de otra persona.
Al final de cuentas, el debate que pretendo abrir es el siguiente: ¿No creen que tanto el Festival anual, como los conciertos que damos los músicos independientemente tienen que tender hacia una evolución de un lenguaje local, cada uno aportando sus propias investigaciones? ¿No estamos contradiciendo el sentido del Jazz al pretender que todo suene conocido, sin invención, sin búsqueda?
Me encantaría que en esta discusión abierta a todos podamos escuchar (leer) las opiniones de Schvartzman, Remigio, Barsotti, Riolo, Carlos Centurión, todos personajes del ambiente local a los que respeto y por los que tengo un gran aprecio personal.
Abrazo,
Ger
jueves, 16 de septiembre de 2010
Trabas del MEC a la formación en Música Popular
A diferencia de la mayoría de los músicos locales, he tenido la buena fortuna de acceder a una formación de primer nivel y profesionalizarme en escuelas y universidades europeas.
Después de enseñar por tres años en el Newpark Music Centre en Irlanda, decidí que era más importante ofrecer mi trabajo como docente en un país como Paraguay, en el que no hubiera este tipo de formación.
Renuncié entonces a mi trabajo en Dublín y me dispuse a volver a Asunción a montar una institución de nivel superior en música popular, con una licenciatura en Jazz y una maestría en Composición bajo el brazo.
Con la esperanza de lograr detener el éxodo de músicos locales, quienes se ven forzados a emigrar para estudiar en el exterior o a cambiar de profesión, monté el ITMPC (Instituto Tecnológico de Música Popular & Contemporánea), y dí vueltas por cada oficina ministerial que se me cruzó en el camino para lograr el reconocimiento de la carrera propuesta, la cual ya ha sido reconocida por el mencionado Newpark Music Centre en Irlanda y la American School of Modern Music en París, Francia, dos de las escuelas de jazz más importantes de Europa, ambas parte de la Asociación Internacional de Escuelas de Jazz (IASJ, por sus siglas en inglés) y la Berklee International Network.
Después de meses dí con la Dirección General de Educación Superior, donde luego de informarme, presenté en diciembre de 2009 mi proyecto.
Al consultar cuánto tardaría el trámite, me dijeron que un máximo de treinta días, y que no habría problema de que abriera el curso en marzo de 2010.
El primer día de marzo, el primer año del diplomado en Música Popular comenzó a funcionar con diecinueve alumnos. Para agosto, me ví forzado a cerrar el curso, en parte porque muchos alumnos habían abandonado al ver que el reconocimiento ministerial y, por consiguiente el diploma prometido, no eran una realidad.
Se hizo septiembre del 2010 y aún la Dirección Gral. de Educación Superior no había logrado aprobar, en nueve meses, el proyecto.
Me pidieron cambios ridículos, como cambiar el nombre del Instituto, ya que si el nombre no dice “Técnico Superior”, la educación ofrecida es, seguramente, inferior.
La primera vez que me rechazaron el proyecto –tres meses depués de presentado-, pidiéndome cambios, fue a causa de que propuse formar intérpretes, compositores, técnicos y docentes.
Me dijeron que no puedo formar docentes, ya que el título propuesto no habilita a la docencia (por más que el 99% de los docentes de música popular del Conservatorio Nacional o la Facultad de Música no poseen título alguno).
Gracias a este cambio, tuve que volver a presentar el proyecto, no como una actualización del anterior, sino como uno nuevo, con otro número de expediente, o sea, de vuelta al casillero de partida.
Esta segunda vez me lo rechazaron porque las pasantías propuestas (componer, ensayar y presentar conciertos) no satisficieron sus exigencias. Me dijeron esta vez que las pasantías tienen que ser en instituciones de enseñanza. Eso quiere decir que mis alumnos van a tener que hacer 400 horas de pasantía como docentes, para no poder ejercer la docencia cuando se reciban.
Otra vez presenté el proyecto de cero. Otra vez al casillero de partida.
Esta tercera vez, ya en septiembre y con el curso cerrado, logré que vinieran a supervisar las instalaciones. Para hacerla corta, se quejaron de que en vez de “Secretaría” yo tenía una “Recepción” y no disponía de Dirección o Biblioteca. Al decirles que habilitaría una sala a tal efecto, me dijeron que no hacía falta, que sólo pusiera otro cartelito en la puerta que dijera “Secretaría y Dirección” y “Aula 3 y Biblioteca”, pero que eso ameritaría una segunda visita.
En la segunda visita, se quejaron de que mi biblioteca no tenía los cinco mil títulos requeridos:
-“¿Cinco mil títulos?”, les dijimos. “Eso es imposible”.
-“Eeehhhh, no. Dos mil, nomás, entonces” Nos respondieron luego de mirarse entre ellos sin saber qué decir.
-“¿Dos mil títulos de música popular?. Sigue siendo imposible…”
-“No, no… Dos mil títulos, nomás. De cualquier cosa”, nos dijeron, ya sin saber dónde meterse.
Entonces los llevamos a la biblioteca familiar, donde les mostramos libros de microbiología, de anestesiología, análisis sobre la revolución cubana y novelitas de Corín Tellado. ¡Y quedaron encantados!
Entonces, ahora, como si uno no tuviera otra cosa que hacer, me tengo que poner a hacer un inventario de dos mil libros que nada tienen que ver con mi especialidad y que ninguno de mis alumnos va a leer, para aprobar una carrera de la que el MEC nunca preguntó nada. Jamás una consulta académica, pero todos los palos en la rueda posibles que la estupidez burocrática local pudo concebir.
Por eso decidí, después de nueve meses, dejar de jugar el juego del MEC.
Parece que en Paraguay nada sale a menos que uno tenga amigos o parientes metidos dentro o pague coimas. Yo no opero de ese modo.
Voy a abrir mi escuela de todos modos. Lo lamento por mis alumnos, que no tendran reconocimiento de su esfuerzo. Y lo lamento también por los chicos que no podrán ser alumnos de mis alumnos, ya que estos tendrán vedada la docencia.
No era para mí que pedía esa certificación. Yo ya la tengo. Sólo quería compartirla con gente que no la tiene y, a menos que el ITMPC entre en funcionamiento, parece que no la tendrá.
viernes, 14 de mayo de 2010
Jazz Paraguayo Online
Escribo este artículo un poco a modo de difusión de una buena iniciativa, y un poco a modo de felicitación a su autor. Hace rato que venía yo con la idea de armar una web que aglutinara el jazz paraguayo, para que la gente acceda a los diversos lenguajes de los músicos locales y los -nos- conozca un poco más.
Bueno, la cosa es que yo no pasé de considerarla una idea copada, pero José Villamayor, que evidentemente estaba pensando en lo mismo -y no es un cavernícola tecnológico como un servidor-, la llevó adelante.
José creó una radio online en la que transmite un programa diario de dos horas (de 19 a 21 hs) en el que el jazz paraguayo ocupa la primera hora de programación.
Además de hacernos llegar un montón de música local que desconocemos, están proyectados también programas especiales, dedicados a un músico local, en los que José entreviste a distintos músicos, pase sus temas y les proponga programar la emisión con la música que los influencia. ¡Buenísima idea!
En dos o tres días que hace que la escucho, ya me encontré en el chat de la radio a un montón de músicos locales que han recibido esta iniciativa con la misma gratitud que yo.
Al fin una emisora en la que la música no es una mercancía. Los temas NO tienen tres minutos, no hay publicidad y uno realmente puede escuchar cosas demasiado elevadas para la cabeza de los dueños de los medios locales.
Este emprendimiento es un paso más en el tortuoso camino del reconocimiento de la labor del músico de jazz paraguayo, así como este blog, mi site personal o el ITMPC apuntan en esa misma dirección.
Por ahora, la radio tiene una programación muy corta. Sería una gran idea que hubiera una repetición de la programación a la madrugada, para los que a veces trabajamos en los horarios en los que se emite actualmente.
Por el momento, de todos modos, aún con dos horas diarias solamente, hay más radio que material grabado de jazz paraguayo. Muchachos: ¡A LABURAR! a componer, a ensayar, a grabar.
Después de tanto tiempo golpeando las puertas de Radio Venus (risas descontroladas), al fin alguien pasa mi música y la música que a mí me gusta.
el link: www.paraguayjazz.listen2myradio.com/
