sábado, 23 de julio de 2011

Lanzamiento del CD "Reescribiendo a Granados"

El martes 26 de julio próximo estaremos en el Auditorio Manuel de Falla del CCEJS para realizar el lanzamiento del CD "Reescribiendo a Granados", a cargo de un septeto de jazz (saxos alto y tenor, trompeta, trombón, piano, contrabajo y batería) liderado por un servidor y producido por Alejo Jiménez.
El CD, que fue posible gracias al apoyo del CCEJS y la Embajada de España, se compone de relecturas de obras clásicas del piano romántico español.
Las Danzas Españolas de Granados (1867-1916) fueron "re-compuestas" en obras para un septeto donde se difumina la línea divisoria entre música escrita e improvisación.


Notas del CD:
En 2008, la gran pianista irlandesa Una Hunt me introdujo a la música
de Enrique Granados (1867-1916), obsequiándome partituras de
algunas de sus danzas españolas.

Siendo un músico de jazz sin formación clásica, descubrir su música fue
una grata sorpresa.

Este disco rinde tributo a la música de Granados del mejor modo, a mi
entender, en que un músico puede demostrar verdadero respeto por
la obra de un compositor: tomándola como punto de partida para la
propia exploración.

Granados escribió sus danzas españolas hace más de un siglo y, como
todo compositor, vertió en ellas su bagaje cultural y estilistico.
Murió trágicamente en 1916. Fue un músico innovador que no tuvo
la oportunidad de escuchar a Davis, a Piazzolla o a Coltrane.

Escribió música para piano sin conocer a Oscar Peterson o Bill Evans.

Este disco es, entonces, el homenaje que un compositor actual -con su
propio bagaje cultural y estilístico- le rinde a un músico excepcional del
siglo anterior.

lunes, 13 de junio de 2011

Habilitación de carrera

Después de un largo trámite en el Ministerio de Educación, se ha aprobado la carrera de Técnico Superior en Música Popular, con una duración de tres años, convirtiéndose en la primera carrera de nivel superior en música popular del país.
El ITMPC agradece a los funcionarios de la Dirección General de Educación Superior por el esfuerzo y la visión que significa aprobar una carrera sin precedentes en el Paraguay.
El primer año de la nueva carrera comenzará en marzo de 2012, para lo cual se abrirá un cursillo optativo de nivelación de tres meses de duración, entre agosto y septiembre de 2011.

martes, 14 de diciembre de 2010

Lanzamiento de "Agua Fría", segundo disco de Entrelíneas

El ensamble acústico Entrelíneas, de la mano de la cantante Sonia Esquivel, presenta este jueves 16/12 su segundo material discográfico, titulado Agua Fría.


Continuando con su búsqueda por senderos del folclore (argentino y paraguayo) y el jazz, Entrelíneas propone en este nuevo material un sonido cálido y un acercamiento a la improvisación dentro del contexto rítmico del folclore sudamericano.


Completan el ensamble el Germán Lema en piano, Ariel Burgos en contrabajo y Dani Pavetti en percusión.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cateura Trío

Este trío que formamos con Martín Portillo en arpa y Daniel Pavetti en percusión explora los puntos de contacto entre el folclore paraguayo y el jazz. La combinación de arpa y órgano hammond es cualquier cosa menos corriente, y los resultados de la fusión de los distintos lenguajes han sido muy satisfactorios.

El trío busca expandir el uso del arpa más allá de sus evidentes limitaciones armónicas. Para eso, trabajamos con (des)afinaciones alternativas de modo que el instrumento pueda fluir por distintas modulaciones.
El primer CD del trío, Polca Trunca, será lanzado este jueves 9 de diciembre a las 20hs en el CCEJS, con entrada gratuita.



miércoles, 1 de diciembre de 2010

Patas Arriba

Patas Arriba es un sello discográfico de música no comercial que creamos con el guitarrista y productor Alejo Jiménez, y que estamos lanzando el jueves 2 de diciembre.
En la segunda mitad de 2010, nos dedicamos a grabar y editar cuatro materiales, los cuales vamos a lanzar en conciertos en el Auditorio Manuel de Falla del CCEJS durante este mes.
La idea primordial del sello es fomentar la creación y edici
ón de música no comercial (jazz y aledaños) original en P
araguay.

Empezamos este jueves con el lanzamiento de Expansión, el disco debut de mi cuarteto, integrado por David "Pepino" Rodríguez en saxo alto, Bruno Muñóz en saxo tenor, un servidor en órgano y Víctor Morel en batería.

El disco es el fruto de varios años de investigación en técnicas compositivas, y una excusa para explorar el formato de cuarteto sin bajista.






viernes, 15 de octubre de 2010

Discusión sobre el XIII Festival de Jazz de Asunción

Escribo este blog en respuesta a los comentarios de Carlos Schvartzman en su blog (http://www.carlosschvartzman.blogspot.com/) sobre el XIII Festival de Jazz de Asunción, ya que me parece que hay un debate que deberíamos tener al respecto.
Carlos hace una reseña de cada grupo que se presentó, salteándose misteriosamente a Escalandrum, que –a mi parecer- fue lo mejor del festival que pude ver (lamentablemente, el último día estuve enfermo y no pude concurrir).
En este artículo quiero discutir contigo –y con Carlos, a quien aprecio y respeto muchísimo- mis impresiones sobre sus afirmaciones.
Estoy plenamente de acuerdo con la evaluación de las presentaciones de Folclass y Paula Rodríguez, ya que me parecieron presentaciones de bajo nivel y que no representan al amiente jazzístico local. Pero hay algo en el discurso de Carlos que no me satisface, y es la contínua mención de que este u otro grupo “NO ES JAZZ”. Si nos vamos a poner a debatir qué sí es jazz o qué deja de serlo, no vamos a terminar nunca, pero algo me dice que Carlos ve al jazz del mismo modo que Wynton Marsalis, quien llegó a decir algo así como que “el jazz es swing y blues”. Una bestialidad. O sea, la mitad de la carrera de Miles Davis no es jazz, ni es jazz John Mclaughlin, ni el período tardío de Coltrane.
Creo que bajo la mirada de Carlos, que a mi parecer está bastante cerca de la de Beto Barsotti y de la organización del Festval en general, Tim Berne, Steve Coleman, Vijay Iyer y los mejores músicos de jazz actuales no “son” jazz. Bajo esa misma línea, Louis Armstrong dijo que Charlie Parker no era jazz, así como también se dijo lo mismo de Monk, de Miles o de Bill Evans.

La cosa no es que Folclass o el proyecto de Paula sean o no jazz, sino que, lisa y llanamente, no son interesantes musicalmente. Y es ahí donde no coincido con Carlos. Entiendo, aunque no comparto, sus críticas a la falta de “jazz” en el grupo Matereré. De todos modos, prefiero toda la vida ver en un festival un buen grupo de folclore fusión que a alguien tocando un jazz que no trae nada nuevo. En ese contexto, más allá de mi respeto y mi admiración por el pianista de rag Bernd Lhotzky, creo que en un Festival de Jazz es mucho mejor bienvenido el mencionado Matereré, simplemente por el hecho de estar innovando y desarrollando un lenguaje, más allá de que no sea jazz “puro”.

Ví en 2008, en Dublín, a Wayne Shorter acompañado de John Patittucci en contrabajo, Danilo Pérez en piano y Brian Blade en batería, y les aseguro que lo que tocaron no se parecía en nada al jazz, ni siquiera al del mismo Shorter. Y era jazz puro. Pura invención, pura experimentación, pura búsqueda.

Volvemos a lo mismo. Lo que Carlos propone es para mí un museo, no un festival. Y ahí mi segunda discrepancia con él.
Cuando Schvartzman se queja de que grandes e importantes músicos locales (Centurión, Riolo, Palito, él mismo, Remigio, etc) fueron dejados de lado, yo me pregunto: ¿Cuál es hoy en día el aporte de dichos músicos? Ninguno de ellos está en este momento produciendo nada nuevo. Por nuevo me refiero a algo original, no a standards del año ’30 grabados otra vez del mismo modo.

Centurión lo hizo a comienzos de la década pasada con Fundanga y fue en ese momento el que llevaba la bandera del jazz local pero, lamentablemente, hoy no tiene un proyecto que mostrar, aunque le llevaría cinco minutos armarlo. Lo mismo de Palito. Su Polca Blues es de hace quince años. La Big Band que presentó en el festival es una vergüenza. ¿A quién le interesa hoy en día escuchar la música de Ellington, de hace 70 años, tocada sin ningún tipo de aporte o novedad, como negando siete décadas de evolución musical? Otra vez, eso es para un museo, no un festival. Ellington no tocaría su propia música de ese modo si estuviera vivo.

Entonces, sí, es una vergüenza dejar de lado a Riolo o a Remigio, pero el problema es que ellos mismos no tienen una propuesta musical auténtica e innovadora. En la edición del año pasado, ambos presentaron sus respectivos grupos: Remigio tocó standards leyendo directamente del Real Book. Tocó en forma impecable, como siempre. Pero yo espero mucho más de un músico del nivel de Remigio, un tipo que sabe escribir, arreglar para ensambles de jazz u orquestas sinfónicas.
Tuve el honor hace poco de que Remigio concurriera a un concierto de mi cuarteto, y más aún que elogiara el modo en que escribí la música, mencionándome que le interesaría participar de mis cursos. Pero yo no tengo nada que enseñarle a él. Al contrario, deberíamos estar todos aprendiendo de su experiencia. Y me parece que se está desperdiciando al no tener un proyecto que realmente nos empuje a los que somos más jóvenes que él a buscar horizontes nuevos.

Con respecto a Riolo, otro gran intérprete local, tuve la oportunidad de trabajar con él en su ensamble del año pasado. Y no me gustó. El repertorio del grupo se basó en arreglos de quién sabe qué grupo de los ’80. Dos días –sí, dos días- antes del Festival, Riolo nos convocó a un ensayo para sacar los arreglos escuchando un cassette (para los que tienen menos de 25 años de edad, un cassette era una forma jurásica de reproducción musical por medio de la fricción de una cinta magnética sobre un cabezal imantado). Un show de esa naturaleza es un bajón y un insulto al público, sea quien sea el ejecutante (me sucedió lo mismo en París escuchando a Manu Katché en el peor concierto al que asistí en mi vida). Prefiero un mal músico tocando música nueva, que a un súper batero como Riolo (o Manu) reciclando la música de otra persona.

Al final de cuentas, el debate que pretendo abrir es el siguiente: ¿No creen que tanto el Festival anual, como los conciertos que damos los músicos independientemente tienen que tender hacia una evolución de un lenguaje local, cada uno aportando sus propias investigaciones? ¿No estamos contradiciendo el sentido del Jazz al pretender que todo suene conocido, sin invención, sin búsqueda?
Me encantaría que en esta discusión abierta a todos podamos escuchar (leer) las opiniones de Schvartzman, Remigio, Barsotti, Riolo, Carlos Centurión, todos personajes del ambiente local a los que respeto y por los que tengo un gran aprecio personal.

Abrazo,

Ger

jueves, 16 de septiembre de 2010

Trabas del MEC a la formación en Música Popular

A diferencia de la mayoría de los músicos locales, he tenido la buena fortuna de acceder a una formación de primer nivel y profesionalizarme en escuelas y universidades europeas.

Después de enseñar por tres años en el Newpark Music Centre en Irlanda, decidí que era más importante ofrecer mi trabajo como docente en un país como Paraguay, en el que no hubiera este tipo de formación.

Renuncié entonces a mi trabajo en Dublín y me dispuse a volver a Asunción a montar una institución de nivel superior en música popular, con una licenciatura en Jazz y una maestría en Composición bajo el brazo.

 

Con la esperanza de lograr detener el éxodo de músicos locales, quienes se ven forzados a emigrar para estudiar en el exterior o a cambiar de profesión, monté el ITMPC (Instituto Tecnológico de Música Popular & Contemporánea), y dí vueltas por cada oficina ministerial que se me cruzó en el camino para lograr el reconocimiento de la carrera propuesta, la cual ya ha sido reconocida por el mencionado Newpark Music Centre en Irlanda y la American School of Modern Music en París, Francia, dos de las escuelas de jazz más importantes de Europa, ambas parte de la Asociación Internacional de Escuelas de Jazz (IASJ, por sus siglas en inglés) y la Berklee International Network.

 

Después de meses dí con la Dirección General de Educación Superior, donde luego de informarme, presenté en diciembre de 2009 mi proyecto.

Al consultar cuánto tardaría el trámite, me dijeron que un máximo de treinta días, y que no habría problema de que abriera el curso en marzo de 2010.

 

El primer día de marzo, el primer año del diplomado en Música Popular comenzó a funcionar con diecinueve alumnos. Para agosto, me ví forzado a cerrar el curso, en parte porque muchos alumnos habían abandonado al ver que el reconocimiento ministerial y, por consiguiente el diploma prometido, no eran una realidad.

 

Se hizo septiembre del 2010 y aún la Dirección Gral. de Educación Superior no había logrado aprobar, en nueve meses, el proyecto.

 

Me pidieron cambios ridículos, como cambiar el nombre del Instituto, ya que si el nombre no dice “Técnico Superior”, la educación ofrecida es, seguramente, inferior.

 

La primera vez que me rechazaron el proyecto –tres meses depués de presentado-, pidiéndome cambios, fue a causa de que propuse formar intérpretes, compositores, técnicos y docentes.

Me dijeron que no puedo formar docentes, ya que el título propuesto no habilita a la docencia (por más que el 99% de los docentes de música popular del Conservatorio Nacional o la Facultad de Música no poseen título alguno).

 

Gracias a este cambio, tuve que volver a presentar el proyecto, no como una actualización del anterior, sino como uno nuevo, con otro número de expediente, o sea, de vuelta al casillero de partida.

Esta segunda vez me lo rechazaron porque las pasantías propuestas (componer, ensayar y presentar conciertos) no satisficieron sus exigencias. Me dijeron esta vez que las pasantías tienen que ser en instituciones de enseñanza. Eso quiere decir que mis alumnos van a tener que hacer 400 horas de pasantía como docentes, para no poder ejercer la docencia cuando se reciban.

Otra vez presenté el proyecto de cero. Otra vez al casillero de partida.

 

Esta tercera vez, ya en septiembre y con el curso cerrado, logré que vinieran a supervisar las instalaciones. Para hacerla corta, se quejaron de que en vez de “Secretaría” yo tenía una “Recepción” y no disponía de Dirección o Biblioteca. Al decirles que habilitaría una sala a tal efecto, me dijeron que no hacía falta, que sólo pusiera otro cartelito en la puerta que dijera “Secretaría y Dirección” y “Aula 3 y Biblioteca”, pero que eso ameritaría una segunda visita.

 

En la segunda visita, se quejaron de que mi biblioteca no tenía los cinco mil títulos requeridos:

 

-“¿Cinco mil títulos?”, les dijimos. “Eso es imposible”.

 

-“Eeehhhh, no. Dos mil, nomás, entonces” Nos respondieron luego de mirarse entre ellos sin saber qué decir.

 

-“¿Dos mil títulos de música popular?. Sigue siendo imposible…”

 

-“No, no… Dos mil títulos, nomás. De cualquier cosa”, nos dijeron, ya sin saber dónde meterse.

 

Entonces los llevamos a la biblioteca familiar, donde les mostramos libros de microbiología, de anestesiología, análisis sobre la revolución cubana y novelitas de Corín Tellado. ¡Y quedaron encantados!

 

Entonces, ahora, como si uno no tuviera otra cosa que hacer, me tengo que poner a hacer un inventario de dos mil libros que nada tienen que ver con mi especialidad y que ninguno de mis alumnos va a leer, para aprobar una carrera de la que el MEC nunca preguntó nada. Jamás una consulta académica, pero todos los palos en la rueda posibles que la estupidez burocrática local pudo concebir.

 

Por eso decidí, después de nueve meses, dejar de jugar el juego del MEC.

Parece que en Paraguay nada sale a menos que uno tenga amigos o parientes metidos dentro o pague coimas. Yo no opero de ese modo.

Voy a abrir mi escuela de todos modos. Lo lamento por mis alumnos, que no tendran reconocimiento de su esfuerzo. Y lo lamento también por los chicos que no podrán ser alumnos de mis alumnos, ya que estos tendrán vedada la docencia.

 

No era para mí que pedía esa certificación. Yo ya la tengo. Sólo quería compartirla con gente que no la tiene y, a menos que el ITMPC entre en funcionamiento, parece que no la tendrá.