viernes, 14 de mayo de 2010

Jazz Paraguayo Online

Escribo este artículo un poco a modo de difusión de una buena iniciativa, y un poco a modo de felicitación a su autor. Hace rato que venía yo con la idea de armar una web que aglutinara el jazz paraguayo, para que la gente acceda a los diversos lenguajes de los músicos locales y los -nos- conozca un poco más.

Bueno, la cosa es que yo no pasé de considerarla una idea copada, pero José Villamayor, que evidentemente estaba pensando en lo mismo -y no es un cavernícola tecnológico como un servidor-, la llevó adelante.

José creó una radio online en la que transmite un programa diario de dos horas (de 19 a 21 hs) en el que el jazz paraguayo ocupa la primera hora de programación.

Además de hacernos llegar un montón de música local que desconocemos, están proyectados también programas especiales, dedicados a un músico local, en los que José entreviste a distintos músicos, pase sus temas y les proponga programar la emisión con la música que los influencia. ¡Buenísima idea!

 

En dos o tres días que hace que la escucho, ya me encontré en el chat de la radio a un montón de músicos locales que han recibido esta iniciativa con la misma gratitud que yo.

Al fin una emisora en la que la música no es una mercancía. Los temas NO tienen tres minutos, no hay publicidad y uno realmente puede escuchar cosas demasiado elevadas para la cabeza de los dueños de los medios locales.

 

Este emprendimiento es un paso más en el tortuoso camino del reconocimiento de la labor del músico de jazz paraguayo, así como este blog, mi site personal o el ITMPC  apuntan en esa misma dirección.

Por ahora, la radio tiene una programación muy corta. Sería una gran idea que hubiera una repetición de la programación a la madrugada, para los que a veces trabajamos en los horarios en los que se emite actualmente.

Por el momento, de todos modos, aún con dos horas diarias solamente, hay más radio que material grabado de jazz paraguayo. Muchachos: ¡A LABURAR! a componer, a ensayar, a grabar.

Después de tanto tiempo golpeando las puertas de Radio Venus (risas descontroladas), al fin alguien pasa mi música y la música que a mí me gusta.

 

el link: www.paraguayjazz.listen2myradio.com/

domingo, 7 de marzo de 2010

¿Saber música o HACER música?

No se si es mi argentinismo, mi tendencia a la crítica o la mala suerte de toparme con estas cosas, pero acá voy otra vez...
Estaba hojeando un diario dominical local y me encontré esta joyita: Una entrevista a un profesor de una reconocida institución de enseñanza musical, en la que ocupa una posición jerárquica.
Luego de una breve introducción, la periodista comienza su cuestionario, el cual no propone nada nuevo ni ahonda demasiado en nada, pero revela -involuntariamente- un par de datos interesantes. Acá transcribo las partes que más me llamaron la atención:

-"¿Hacés recitales?"
-"NUNCA..." Y ahí el entrevistado comenta que a veces toca para sus amigos...
 
-"¿Componés?"
-No, en ocasiones, hago arreglos de música de películas..."

-"¿Qué fue lo último que tocaste?"
-"1942, La conquista del Paraíso, de Vangelis..."

Bueno, analicemos:

¿Cómo puede un profesor de música no dar NUNCA un recital? Tocar para los amigos NO CUENTA COMO CONCIERTO, así como coser una media no te hace sastre. Mi hija de dos años canta a los gritos en cada festichola y nadie lo cuenta como parte de su carrera profesional.
Digamos, además, que los propios amigos, con un elevado contenido de alcohol en la sangre, no son un público muy exigente.

La respuesta a la segunda pregunta no asombra, pero entristece. ¿Por qué los músicos clásicos no pueden componer? Yo estoy convencido que es porque no improvisan.
La improvisación desapareció de la música clásica europea hace cosa de un siglo y medio, pero en general, todo compositor de valor ha sido un gran improvisador (pensemos en Bach, Mozart, Debussy, Ravel). ¿Alguien conoce las virtudes improvisatorias de Czerny o Hanon? Yo no, y todos a los que pregunto tampoco. Y no me asombra, ya que las obras maestras de ambos músicos son ejercicios de digitación, algo así como dactilografía pianística. Un bodrio, y una de las estrategias que usan los profesores de música para que los niños aprendan a odiar el piano y se dediquen a la contabilidad o la abogacía, que reditúan un poco más.

Ahora, los arreglos de música de películas... Todo bien, pero a mí me daría cosa que el mayor esfuerzo creativo de quien guía la futura carrera musical de un montón de niños sea arreglar la música de "Garparín, el fantasmita amigable".

Y llegamos a Vangelis... También, todo bien con Vangelis, así como todo bien con Pocho la Pantera, pero me parece que si uno va a explorar compositores orquestales hay un par de opciones antes que Vangelis. ¿Alguien escuchó "1492"? Hagan fuerza y no se duerman... 

La cosa con esta crítica no es denigrar a nadie. No tengo nada contra el sujeto en cuestión. Simplemente me parece otra víctima de un sistema que nos enseña a mover los dedos en un instrumento, nos hace aprender un montón de nombres y fechas y deja la música de lado.
Si tu profesor no toca en vivo, no compone, y se dedica a tocar la música más predecible y aburrida disponible...¿QUÉ TE ENSEÑA? ¿Qué experiencias de lo que significa HACER música puede transmitirte?
Nadie cuestiona las decisiones de cada uno, pero con esos antecedentes se podría decir que alguien enseña no porque le guste enseñar o porque es bueno haciéndolo, sino porque es lo único que puede hacer, y eso no habla muy bien del profesor, ni tranquiliza al alumno medianamente despierto.
Nadie pide ni siquiera que el profesor sea bueno en lo que hace, sólo que haga lo que supuestamente enseña a hacer.
¿Vamos a lograr concertistas de nivel con profesores que nunca se subieron a las tablas?

Me gustaría hacer un paralelismo con los profesores de música popular. ¿Hay UNO que no toque regularmente? Regularmente de acuerdo al ambiente local (una vez por año... y gratis).
Pensemos en Toti Morel, Carlos Schvartzman (o como se escribaaaaa), Remigio Pereira. Esos tipos enseñan lo que estudiaron en los libros, pero enseñan también lo que aprendieron metiendo la pata en el escenario. Y eso es mucho más válido.



domingo, 28 de febrero de 2010

Jazz en Paraguay

Mmmm... armé este blog con la intención de escribir sobre el Jazz en Paraguay. La verdad es que tengo la idea de hacerlo desde hace tiempo, pero mis abundantes contratos discográficos con sellos especializados e interminables giras por teatros rebosantes de eufóricos oyentes iniciados en este arte me han mantenido distanciado de la computadora.
Es duro sobrellevar el stress provocado por la presión y las expectativas de un pueblo que se desvive por sus artistas...

¡Y ahí justito me desperté..! Bueno, de vuelta a la realidad.

Música. Jazz. Paraguay

Ser músico profesional y vivir de ello no es fácil. Ser músico de Jazz ya es ligeramente más difícil, ya que para vivir de la música es aconsejable tocar algo que a la gente le guste (o al menos le despierte la más mínima curiosidad). Ahora, ser músico de Jazz en Paraguay es casi masoquista, y aún así habemos unos cuantos... tres, por ahí... que vienen a ser un par más de lo necesario. 


Ahora, ¿por qué elegir esta profesión, esta música y este entorno? Para mí no había elección posible con respecto a la profesión: aparte de ser un inútil profesional tiempo completo, no me resigné a ganarme la vida (¿y por qué hay que ganársela??? podrían regalárnosla, ¿no?--tema de otro blog--) haciendo algo que no me apasionara. Traté: me llegué a comer catorce horas de oficina por día imprimiendo códigos de barra y vendí libros casa por casa, y resulté un empleado espantoso y un peor vendedor. Muchos músicos elegimos esta profesión no sólo porque nos da placer (también nos daría placer comer todos los días) sino porque es lo único que uno hace decentemente y con ganas.
 
Con respecto al estilo musical, casi todos los jazzeros de mi generación venimos del rock. Creo que es una evolución natural para cualquier músico en desarrollo el empezar a investigar distintas sonoridades, y la verdad que después de escuchar a John Coltrane, Fito Páez no suena igual. O es uno que tiene las orejas distintas.
Creo que somos muchos los músicos que sentimos que ciertos estilos, que alguna vez tocamos, hoy nos cierran más puertas de las que abren, creativamente hablando.

¿Y el entorno? Si uno quiere ser músico y, más precisamente, músico de Jazz... ¿No debería ir enfilando para el aeropuerto? Sí, pero hay algunos, pocos, que después de haber enfilado para el aeropuerto, y haberse hecho un lugarcito -pequeño- afuera, volvimos. Y la razón es sencilla: Uno, en toda la magnitud de su estupidez y desvarío, cree que estaría "copado" dedicarse a hacer Jazz en Paraguay. Y la verdad que estaría, si no fuera porque poca gente, incluyendo muchos músicos -algunos "jazzistas"-, sabe qué cornos es el Jazz.

¿Y qué cornos es el Jazz?

El Jazz, como dijo el bueno de Bill Evans, es hacer tres minutos de música en tres minutos, independientemente del estilo. Podés tocar hip-hop y estar haciendo Jazz (Miles Davis lo hizo), podés tocar tango o folclore y estar haciendo Jazz, como hace Gustavo Viera, para poner un ejemplo local.
El problema es que acá se cree que el Jazz es ese chín-chín-qui-chín en el platillito Y NADA MÁS. Y pudre un poquito. Si no fuera por la nueva generación de músicos, como José Villamayor, Giovanni Primerano, Víctor Morel, etc, estaríamos escuchando los mismos temas del año '40, una y otra vez. ¡Ojo! a mí me encantan Louis Armstrong, Duke Ellington y Stan Getz, pero eso es música muerta. Los '40 fueron hace 70 años. Eso es más tiempo del que la mayoría de los músicos locales lleva viviendo. Es como si un rockero de 30 años no hubiera escuchado nada después de los Beatles. Todo bien con Lennon y McCartney, pero...

Aún así, cuando en Asunción te llaman para hacer un toque de Jazz, esperan un negrito bailando con guantes blancos y bastoncito o te piden que haya una diva acostada arriba del piano. Eso no sólo es música muerta... es música grasa y, salvo raras excepciones, berreta.
Para los músicos, es una salida muy barata -casi una chantada- tocar "All Of Me" o "Autumn Leaves" como se hubiera tocado en el primer tercio del siglo pasado. Es una caradurez y una falta de respeto al público.

Y acá llego a mi conclusión y la razón de este ensayito: el Jazz no es sólo improvisar sobre una secuencia de acordes bonitos. Es crear, es romper normas, es tirarse a la pileta sin saber si pusieron la pastillita de cloro y sin loción solar (es que el Jazz en Paraguay es chuchi).
Y bajo esa designación, la gran mayoría de los músicos locales, salvo algunos de mi edad o un poco menores, pecan de chantas. Un ejemplo triste fue el último festival de Jazz: de los jazzeros locales "consagrados" no salió ni un tema original. Vino gente de USA, de Argentina y de Brasil y lo mejor que tienen para mostrar nuestros grandes músicos es que saben abrir un libro y leer un tema. Nunca una introducción propia, nunca un arreglo. Otra vez, fueron los músicos más jóvenes los que presentaron material original -ya sea composiciones o arreglos-, a riesgo de que resulte más complejo tocarlo o simplemente no le guste a la audiencia. Son esos riesgos los que hacen al Jazz lo que es.

¿Y ahora?

Bueh, ya dije lo que quería decir, que me lo vengo atragantando desde que volví al país hace cosa de 10 meses. ¿Y ahora, qué?
Bueno, lo primero que haría falta es empezar a formar músicos distintos. Formar músicos, no sólo tipos que puedan leerse un temita. Y para eso hace falta que los pibes tengan acceso a la música. Un ejemplo: le pedí a un alumno de la facultad de música de la FADA (trompetista clásico) que me mencionara los veinte trompetistas que más admiraba dentro de su estilo. No sabía ni uno. Eso se repitió con trombonistas, cantantes, violinistas, cellistas. ¿La razón? La música se enseña y se aprende con los ojos en vez de las orejas. Los pibes leen música, estudian música, investigan música, pero no la escuchan, no la disfrutan. Nuestros conservatorios e instituciones musicales han hecho de la música una materia tediosa. Algo que debe estudiarse y sufrirse por diez años antes de poder disfrutarse. Si es que llega a disfrutarse.
En la misma facu les hablé a los chicos de Stravinsky (sin ser un especialista, sino sólo un tipo con un par de orejas). Y les hablé de su música increíble. Y nadie lo había oído. Me dijeron que eso era "muy moderno". ¡¡¡Eso fue hace más de un siglo!!! Parece que en nuestro actual sistema educativo, cualquier música de menos de 300 años es "muy moderna".

No sé, ¿soy sólo yo o hay una conexión real entre el estudio de la música como si se tratara de un libro de cocina y la ejecución de ese pseudo-jazz diluído al que nos tienen acostumbrados ciertos "íconos" del ambiente jazzístico local?

sábado, 31 de octubre de 2009

¿Para qué nos hicimos músicos?

Hoy tuve una (¿otra más?) de esas experiencias que te hacen preguntar por qué elegiste esta profesión. Una agente me había conseguido una presentación con mi cuarteto de Jazz en un lujoso hotel asunceno, por un cachet que daba lástima. En un solemne acto de estupidez (¿transitoria?) acepté el trabajo, más que nada para tener una buena excusa para ensayar el grupo.


Al llegar al lugar del concierto, me entero de que la 'organización' había decidido que tocáramos en fila india en el borde de una piscina, un pasillito de unos 120 cm de ancho, muy mal iluminado y lejos de la vista del público. La noche estaba calurosa, pero no como para nadar con instrumento y todo.


Cuando me negué a tocar en esas condiciones, la 'organizadora' me dio la respuesta obvia: "de todos los músicos que han venido a tocar acá sos el primero que se queja" . Y justamente ese es el motivo de este blog: ¿Por qué nadie se queja? ¿Tan poco vale el trabajo de los músicos?


Después de la insistencia de la 'organizadora' y de mi obstinada negación, logré hablar con el Jefe (cha-chaaaaaaan) que me quiere apurar diciéndome que ya vendieron un montón de reservas, que la gente va a venir a ver el concierto, etc., etc. "Pero... esas reservas (cada una era más de la mitad del cachet de cada músico) las vendiste con mi nombre" le dije y el Jefe se quedó tieso.

Y ahí me avivé yo también. El hotel vende un show carísimo con tu nombre, paga una miseria y encima te toman el pelo (que ya va quedando poco) haciéndote tocar a oscuras en una piscina o atrás de una palmera (esa era la otra opción).


Hoy gané. Después del desfile de cuanto administrador del hotel estaba presente, logramos armar la banda en un lugar decente. Quiero creer que el súbito bajón en el fader del sonidista cuando estábamos tocando fue una coincidencia.


jueves, 3 de septiembre de 2009

Fundación del ITMPC

El Paraguay es hogar de excelentes músicos y posee una rica tradición musical. Sin embargo, la situación de la enseñanza de música popular contemporánea en el país dista en mucho de los estándares internacionales. Tenemos buenos músicos, tenemos buenos docentes, pero nos falta un ente que los agrupe en torno a un programa de estudios moderno y efectivo.
A menudo mis alumnos me preguntan cuál es la diferencia entre estudiar en Asunción o en París, y la verdad que el material es el mismo. La escala mayor, el modo dórico, etc, son iguales. Charlie Parker, Miles Davis, Tom Jobim o Ástor Piazzolla no cambian porque uno los estudie en una orilla determinada del Atlántico. Lo que cambia es el enfoque del estudio. El modo en que se organizan los ítems a ser estudiados. La interacción de las distintas asignaturas a modo de darle al estudiante una experiencia integral, desde toda perspectiva posible, del elemento a ser estudiado.
Tuve la suerte de estudiar en instituciones con programas de estudio muy bien diseñados, y me vi también obligado a diseñarlos yo mismo cuando comencé mis actividades de docencia en Irlanda. Así me dí cuenta de cuál es la gran falencia del sistema de enseñanza paraguayo. Un sistema en el que predomina la enseñanza instrumental en desmedro de la comprensión teórica o perceptiva. El Paraguay produce, generalmente, instrumentistas de música popular, no Músicos de música popular.
Me pesaba en la conciencia el estar poniendo mi tiempo y mi energía en ayudar a desarrollar músicos en Europa, donde sobran profesores tan o más competentes que yo, en vez de hacerlo en mi país, que en este caso es mi país adoptivo.
Eso es lo que me motivó a regresar de Dublín para montar mi propia institución de enseñanza, siguiendo los lineamientos de las instituciones en las que me formé y de las que fui docente, y en un contacto directo y frecuente con ellas.
Volver y empezar de cero puede ser cualquier cosa menos sencillo, más en un ambiente tan complejo como el paraguayo.
Esta institución que hoy abre sus puertas es a la vez una necesidad y una oportunidad.