martes, 16 de junio de 2015

El arte de la cometa

Hace poco, revisando convocatorias online para artistas en la Argentina, caí en una del Fondo Nacional de las Artes. Entre las varias que había, encontré una para la producción de fonogramas.

Lo curioso o, mejor dicho, lo que me llamó la atención fue uno de los requisitos de la convocatoria: el artista tenía que entregar al Fondo, en concepto de contrapartida, treinta ejemplares de los CDs realizados. No importaba que hubieras replicado quinientos o cinco mil.

El Fondo demanda sólo treinta. Esto resuena muy fuerte en la cabeza de cualquiera que haya recibido una ayudita del FONDEC (la versión paraguaya del Fondo Nacional de las Artes), que demanda el 25% de lo que produzcas.

Es muy loco porque, evidentemente, el Fondo argentino te pide treinta copias porque debe tener treinta lugares a donde enviarlas. Ni uno más. El FONDEC, en cambio, te pide un 25%, con esa mentalidad de coima reinante en todo lo que el Estado paraguayo toca.

¿Por qué el 25%?¿Eso significa que si hago mil discos ellos encuentran 250 lugares a donde enviarlo pero si sólo hago 500 se olvidan de 125 de ellos?

Automáticamente me acordé de la vez que, paseando por uno de los edificios de la Secretaría Nacional de Cultura buscando una locación desde donde musicalizar una obra de danza que se haría allí, di con un cuartito lleno de libros, materiales fonográficos y audiovisuales y de artes plásticas juntando polvo, cómodamente tirados ahí para que se arruinasen. Producto, obviamente, de la coima del 25% que demanda un Estado sin bibliotecas, mediatecas o, ya que estamos, escuelas públicas en condiciones mínimamente decentes.

Lo mismo sucede con el bendito y tan mal diseñado logo del ente, quien te exige estamparlo en la tapa de tu disco, arruinando o, al menos interfiriendo, la representación gráfica de tu obra.

Al final, todo pasa por sacar rédito: rédito político dándose visibilidad con el laburo de otro. Rédito económico (o material) teniendo discos, libros o películas para regalarle al gato que tenga por secretaria el contralor de turno.

Al día de hoy, no conozco un sólo artista que no haya perdido guita llevando a cabo algún proyecto con las ayudas del FONDEC. Es cierto que muchos se avivaron y se morfaron la mosca, pero es muy, muy fácil ser “gestor cultural” cuando el laburo y el riesgo son ajenos.

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